Cortes en la Autopista de Alicante

Las autopistas forman ya parte de nuestras vidas, las damos por supuestas, ya ni siquiera nos paramos a pensar en ellas. Pero, de pronto, un imprevisto – un accidente, un incendio, una DANA – las vuelve inutilizables y regresamos a los tiempos ya olvidados en los que el mundo era distinto, en los que un desplazamiento de 50 km hacia que volver a comer a casa fuera algo impensable.

De repente nos hacemos conscientes de la fragilidad de nuestra situación. Y de su excepcionalidad: durante toda la historia del hombre sobre la tierra sólo ahora, y sólo en una pequeña parte del mundo, la vida del hombre ha sido así. Yo he hablado en mi infancia con testigos de una época en la que un viaje de 100 km suponía 3 días de diligencia.

En fin, que nos hace falta una calamidad o una desgracia para darnos cuenta de nuestra vida privilegiada.

Claro, que también tiene su cruz: conocí a un empresario que se lamentaba de que la posibilidad de viajar en avión le suponía la obligación de asistir a reuniones en otros países, obligación que no tenía cuando no era tan fácil volar.

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