¡Qué estupendo es el apoyo familiar!

En la pasada crisis del 2008, muchas familias jóvenes con niños pequeños quedaron sin recursos esenciales, pero ahí estaban los abuelos.

Una red informal de soporte, que sostuvo a las familias que estaban empezando.

Sin ruido, sin aplauso público.

En la crisis que viene, es posible que volvamos a ver algo parecido.

Es muy de agradecer ese apoyo, y más todavía la actitud de prestarlo desinteresadamente, sin inmiscuirse en las decisiones de los matrimonios que están comenzando.

Ayudar, sin exigir contraprestaciones, es una clara muestra de cariño auténtico.

Ya lo decía aquella canción: “El cariño verdadero, ni se compra ni se vende”.

No está de más comprender el punto de vista de las generaciones anteriores, y considerar lo que puede aportarnos a los jóvenes.

Agradecerlo, apreciando los consejos de la experiencia, es una muestra de madurez de los jóvenes, como también lo es mantener la autonomía en las decisiones propias.

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