Si te pica el alicante, llama al cura y que te cante

El “Diccionario de la Lengua Española” define “alicantina” como “Treta, astucia o malicia con que se pretende engañar”, lo que dio lugar a un artículo de J.L. Fernández que lo relacionaba con “alicante”, “especie de víbora muy venenosa, de 70 a 80 centímetros de largo…”.

Según el “Diccionario de Autoridades” (1728), “alicantina” es voz de germanía. Sin embargo, no aparece en el Covarrubias (1611) ni en el “Diccionario de Germanías” de Juan Hidalgo (1779), y a Corominas (“Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico”, 1980) le parece que, si ese fuese el caso, debería aparecer en el “catalán de Valencia”, y no aparece.

Parece más acertado hacer derivar “alicantina” de “alicante”, como hace JL Fernández, si bien Corominas, negando credibilidad a la descripción que de “alicante” hace el “Diccionario de Autoridades”, lo atribuye a una deformación de “alacrán”, apoyándose en la comparación del proverbio andaluz “si la bíbora biera y el alaclán oyera, no hubiera hombre que ar campo saliera” con el tradicional en el Alentejo “se a bicha visse, e o alicante ouvisse, não havia ninguém vivo no mundo”.

Tomo el título de Israel J.Espino en “Extremadura secreta”.

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